jueves, 23 de abril de 2009

¿Somos una cultura libre o una cultura del permiso?

Lawrence Lessing en su libro Por una Cultura Libre, dice que anteriormente las leyes nunca se preocuparon directamente de la creación o la difusión de la cultura no comercial y dejaban que esta fuera libre “los individuos normales compartían y transformaban su cultura contando historias, recreando escenas de obras de teatro o de la televisión, participando en clubs de fans, compartiendo música, grabando cintas.” Las leyes más bien se centraban en la creatividad comercial y protegían los incentivos a los creadores concediéndoles derechos exclusivos sobre sus obras para venderlas en el mercado.

Pero ahora esa división entre lo libre y lo controlado ha desaparecido, y las formas habituales como los individuos crean y comparten la cultura caen dentro del ámbito de acción de las regulaciones impuestas por leyes. El Internet ha hecho posible que muchos participen en el proceso de construir y cultivar una cultura que va mucho más allá de los límites locales, generando así una amenaza para las industrias de contenidos. Es por eso que las grandes corporaciones de hoy en día amenazadas por el potencial de Internet se han unido para inducir a los legisladores a que usen las leyes para protegerlos. Es el caso de la industria de la música, la cual ha buscado siempre la protección de los contenidos de los artistas, pero lamentablemente el surgimiento de programas en internet como Lime Wire, Ares y Kazaa, entre otros, los ha perjudicado de tal manera que ya las personas no pagan por obtener su música favorita y prefieren bajarla sin ningún costo.

Por lo general, cuando poderosos intereses sienten la amenaza de un cambio, ya sea legal o tecnológico, emplean su influencia dentro del gobierno para que éste los proteja. Por ejemplo, a principios de este año, los canales privados de televisión RCN y Caracol, debían firmar una prórroga y pagar una cantidad de dinero a la Comisión Nacional de Televisión para renovar sus contratos y poder seguir emitiendo sus programas. Estos canales buscaron la protección del gobierno porque según ellos la CNTV les estaba cobrando mucho dinero de manera que si no pagaban lo que les estaban exigiendo, se iba a acabar la televisión privada y los televidentes serían los más afectados.

Armstrong, el inventor de la radio FM, afirma que “la retórica de esta protección está siempre inspirada en el beneficio público” pero la realidad no siempre es así, y en el caso de la prórroga de los canales privados, la protección que buscaron tener fue más por defender sus intereses personales y económicos.

Aunque Lessing afirma que la guerra para librar Internet de piratas, también librará a nuestra cultura de valores que han sido claves en nuestra tradición, pienso que el rol del gobierno en la protección de ideas y control de contenidos es algo que favorece indudablemente a las industrias, y las leyes deben intervenir no solo para defender la propiedad creativa sino también para acabar con la piratería que se produce fuera y dentro de Internet. Esto demuestra indudablemente que cada día somos menos una cultura libre y más una cultura del permiso.

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